martes, 31 de octubre de 2017

La vida misma

Querer irse, querer estar, querer volar aunque la jaula sea bonita y espaciosa. Querer gritarle al mundo que no entiendes cómo funcionan los demás, querer explicarle a los tuyos que el objetivo de la vida es disfrutar, es sentir profundamente, es encontrar emociones nuevas cada día, es rodearse de personas que te aporten ganas de vivir, es buscar objetivos reales y alcanzables. Que la vida no se trata de esperar a que te pase algo malo para poder superarlo y que los tuyos te den la palmada en la espalda, que no se trata de sobrevivir, que no se trata de buscar la manera de que el día termine de una forma meramente digna.

Quiero todo esto y no se por donde empezar. Mi modo de actuar es el bloqueo, que no es una actuación en si sino mas bien lo contrario, una manera de no hacerlo. Después del bloqueo viene el querer huir, el buscar algo mejor fuera de aquí y después el darme cuenta de que no pensé las consecuencias de mis acciones y hay que volver a arreglar lo que dejé a medias.

Y así, así va pasando la vida, intentando que mi mundo sepa que no comparto su manera de vivir y quedándome sin energía por el camino. Y de energía ando algo limitada, así que solo me queda buscar la manera de no malgastarla, aunque conlleve pensar solo en mi.

La vida misma. 

domingo, 13 de agosto de 2017

Mi historia blanca

Soy muy madridista, de siempre.

Primer capítulo: niñez.

Pero soy del 93. Mi primer recuerdo viendo a los blancos fue casi después de la Champions League del 2002. Se que esa final la vi pero no la recuerdo, era bastante pequeña. Mi padre y mi vago recuerdo se encargaron de hacerme saber de que el Real Madrid era un club grande, era el mas grande de la historia. Eso si, yo solo veía cómo mi equipo perdía una y otra vez en octavos de esa competición que los adultos decían que era "la que valía".

Siguiente capítulo: adolescencia.

Llegaba al instituto y con ello llegaban los piques adornados con hormonas. Todo se acrecentaba, todo importaba. Cuando se trataba de fútbol ya nunca podíamos volver atrás. Era un picar por picar y por ganar un "yooooos" de todos tus amigos de la adolescencia. Recuerdo ese 0-3 del Barcelona en Madrid y cómo me fui a la cama, previamente cerrando la puerta de un portazo, con un cabreo de escándalo. Hablamos de que tenía 12 añitos. Mi madre entró en mi habitación con la misma fuerza que mi portazo y me vio con lágrimas de rabia. Me dijo pocas palabras, a sabiendas la dificultad que atañe esa edad, dejó claro que nunca en la vida podía estar llorando por fútbol. Se que en esa época el cáncer estaba acabando con su mejor amiga.

SiguienteS capítuloS: todos hasta la Décima.

Después de ese resultado y esas sabias palabras de mi madre, vi como a mi equipo se lo comían un tal Messi, un tal Xavi y un tal Iniesta. Vi repasos de campeonato. Eso si, en la derrota de mi rival ya no me burlaba de ningún compañero de clase y en la victoria de mi equipo ya no me regocijaba.
Y llegó Mourinho. Hizo lo que debía, intentar lo único con lo que se podía vencer al eterno rival, metiendo caña. Tanto que dividió a la afición y se llevó por delante al mejor portero que han vistos mis ojos, Casillas.
Pero ahí estaba Ancelotti, devolvió la tranquilidad y formó a Zidane. Nos dio la décima y Ramos nos enseñó a creer hasta el final. En esa final tuve fe hasta que marcó Ramos, lo cual me hizo entender que había visto otras finales de Europa de este equipo aunque no las recordara. Estaba en el ADN del club blanco, por eso me identificaba tanto con ellos.

Siguiente capítulo: Zidane.

Si Ancelotti era calma, Zidane es paz. Es saber cómo comunicar, cómo llegar al receptor, cómo influir en su percepción de la situación usando sonrisas y "zascas", "both of them".
Zidane es sentido común, quitando el tema de Bale, del que sigo teniendo fe de entenderlo finalmente, todo sigue un curso lógico.

Todo esto es mi pequeño resumen de mi historia con el Real Madrid. Un equipo que lucha, lucha y sigue luchando. Que mezcla calidad con jugadores fuertes y que no bajan los brazos hasta que el árbitro pita. Pero lo mejor de todo es que estos últimos dos años ha metido mucha magia, ha seguido luchado y ha dado oportunidades. Y de ahí mis ganas de escribir. No por ganar, ni mucho menos. Simplemente por haber seguido el sentido común y por haberme enseñado ya desde pequeñita y con ayuda de madre, a luchar hasta el final.

Así SÍ.

#halamadrid